jueves, 12 de enero de 2017

El Otro Lado

Diario Panamá América
14 de enero 2017

El Otro Lado
Jaime Figueroa Navarro

Perfila hacia el Caribe la brújula del turismo de lujo, modalidad que a todas luces el istmo debe estrujar a su máxima expresión.  Y es que referirse al caribe panameño es ventilar una melcocha de excepcional cultura enterrada en histórica médula colonial entre un sensual verdor que invita a intimar sus recovecos.

Dentro de la variada magnifica colección de opciones que ofrece al visitante la costa caribeña entre Bocas del Toro y Guna Yala,  tal el infinito colorido de la paleta de un pintor, su corazón nos lleva a Portobelo, bahía descubierta por el Almirante Colón en su cuarto viaje, quien le bautizó como puerto bello por la inmensidad de su hermosura, sentando base para que cinco siglos después el diario The New York Times nos describiese con el pujante mote: “an embarrassment of natural beauty” (una vergüenza de belleza natural).

Al inicio de la temporada veraniega refrescada por el soplo de los vientos alisios, aprovechando la visita del adelantado teutón Heinz Dieter-Ritzau escudriñando sitios para renovadas inversiones, posterior a una cena en Gamboa con Jim Peebles, especialista en proyectos boutique que honra a Panamá con su selección como sitio de desarrollo, fuimos invitados a explorar el paraíso terrenal.

Fue así que temprano el lunes, en compañía de mi esposa Mayin y de Heinz cruzamos desde Gamboa la cordillera dentro de un exiguo bajareque que espantaba la neblina a los alrededores del lago Gatún, entrando por Sabanitas para el descenso a Portobelo.  Allí nos recibe el sonriente darienita William Paz, capitán de la lancha que en un tris  nos traslada a través de la península a El Otro Lado.

Afloró a finales de la  década de los setenta del siglo pasado el exitoso programa de televisión La Isla de la Fantasía, protagonizado por Ricardo Montalbán, como el enigmático anfitrión Rourke y su enérgico  asistente,  Hervé Villechaize, el pequeño Tattoo, quien acostumbraba anunciar la llegada de los visitantes con su frase "¡el avión, el avión!" mientras repiqueteaba una campana. Se convirtió en un clásico de culto oficiado en un  misterioso sitio tropical, donde la gente pensaba cumplir sus fantasías sin importar su índole, previo pago de una importante suma y a condición de que no revelarán nada acerca de su visita al lugar.  Se auto describe El Otro Lado: “Al inicio, el Paraíso se encontraba en la jungla”.  Cambian los actores y el sitio en el siglo XXI, más no el guión.

Nos recibe en el muelle nuestro anfitrión Jesús Lemus, acompañado de Liseth Rivas, nuestra sublime guía del Arauca vibrador.  Posterior a una breve introducción, se aproxima  la guapa Leybis Rodríguez, oriunda de Portobelo, quien nos brinda una refrescante poción de sandia, néctar de bienvenida.    

El Otro Lado es un hotel boutique como ningún otro, un retiro privado que integra el diseño, la cultura, la naturaleza y el lujo de forma única para proporcionar a sus huéspedes experiencias autenticas, exclusivas y a la medida, transportando al visitante a un lugar de ensueños en un ambiente armonioso y equilibrado.   La combinación perfecta de autenticidad, lujo y confort.

A bordo de un carrito de golf, Liseth nos eleva a Casa Grande, la mansión central con cuatro suites independientes sobre una loma oxigenada por verdor, azuladas mariposas y el trinar de multicolores pajarillos con una envidiable, paradisiaca vista a la bahía.  Impactante, moderna, con interminables pecas de arte e incitantes detalles, como todo en esta exquisita propiedad que estrena cuatro casas, cada una con particulares pinceladas.  Continuamos nuestro trayecto hacia el lago, en la cima del cerro, donde las hamacas en el rancho al centro de un entarimado de madera, invitan a la lectura o la relajación con la naturaleza, alejados del bullicio urbano de las cárceles de concreto en que se han convertido nuestras ciudades.


Tanta belleza y el harto verdor dan hambre.  Descendemos al restaurante Gazebo bordeado por una seductora piscina infinita donde somos mimados por Leybis con un menú fusión caribe internacional, que arranca con un fresquísimo ceviche de corvina, rematado con lonjas de filete de cerdo en salsa de tamarindo, arroz amarillo y vegetales.  De sobremesa el Chef Juan Ríos, chitreano de pura cepa, nos deleita con su flan, al borde de la locura.  ¡Cuando nos planteamos, podemos lograr maravillas!  El Otro Lado es el magnifico ejemplo de  uno de esos fantásticos parajes donde quisiéramos pernoctar para siempre.   

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