jueves, 23 de febrero de 2017

Arreglando Maletas

Diario Panamá América
25 de febrero 2017

Arreglando Maletas
Jaime Figueroa Navarro

Aprovechando el asueto de Carnaval en Panamá, como muchos compatriotas, desempolvamos las maletas dispuestos a viajar a provincias, que se ha convertido en desquiciada encrucijada resultado de los inevitables tranques y la ausencia de agentes con una clara misión de dirigir el transito para una arraigada fluidez, inevitable tercermundismo en un país de autopistas y rascacielos, o como otros, aprovechando la ocasión para marcharnos a ultramar, porque quedarse mucho tiempo en un sitio, por bonachón que sea, oxida el alma y anestesia la creatividad.

El miércoles en la mañana depuse a mi hijo en Tocumen, cultivando el momento para compartir un raro desayuno juntos.  Es que cuando los hijos están en los mediados de los treinta, se alejan.  Se alejan porque están ocupados con su plan de vida y uno los atrapa en esos raros lapsos para rascar sus cerebros y aconsejarles, si se puede.  Ellos escuchan, porque aun son esponjas y su nivel de madurez les permite valorar a los que les preceden y aprender de sus caminares.  “Te das cuenta que envejeces cuando invitas a desayunar a tu viejo y tu pagas la cuenta”, me dijo Jaime Enrique al cancelar los alimentos.

Entonces me relató algo interesante.  “Voy a Bogotá”.  Muchos van, pensé.  Pero se trata de una faena diferente, al llegar a la capital colombiana se traslada toda la noche en autobús a Putumayo, en el oxigenado amazonas justo al borde de la frontera con Perú y Ecuador, acampando cinco días, sin señal celular ni acceso a la internet del siglo veintiuno, para adentrarse en un ecoturismo  espiritual, escuchando la sinfonía selvática cercano a la cascada Fin del Mundo.  “Extraordinario, ¿por qué no me contaste antes?” le dije con envidia, pero de la buena.  De seguro retornará con muchos cuentos, obligatoria parte de una futura crónica, para compartirles y que no se queden con las ganas, sino que también vayan, porque los hitos de la vida son experiencias dispersas que nos alejan del tedio cotidiano.

Por mi parte, ya a lo lejos en la memoria practiqué el ritual “veni, vidi, vici” del carnaval istmeño, cuando eran verdaderas manifestaciones de folclor, carne en palito, inesperados guiños y torrejitas de maíz.  “Vine, vi, conquisté”, frase romana atribuida a Julio César al dirigirse al senado en 47 AC, que se atribuye a una de sus expeditas conquistas.  Alejado del bullicio, de la rutina quemarropa, los rones y mojaderas, de los mismos vecinos y monótonos rostros, también me presto a armonizar maletas.

Posterior a trece años de transitar cual Marco Polo, tres semanas al mes, conozco mis aeropuertos y particularmente desdeño el de Miami.  Por ello aterrizo en lares más amistosos del sur de la península floridana, en Fort Lauderdale, donde hablan inglés y se sale rápido. 

El ritual del alquiler del automóvil se convierte en un tris que debiésemos imitar.  El busito de la arrendadora me recoge frente a la terminal, me deposita justo en la fila del auto de mi preferencia, les examino y escojo el color de mi humor diario, al salir le muestro la reserva, licencia y tarjeta de crédito al dependiente.  “Bye, bye Mister Figueroa”.   No hay que buscar rayones, llantas ni cadáveres en el baúl.  Sencillo, expedito, como todo lo gringo.  El auto aun huele a nuevo, sin perfumes ni extraños aromas.

Soy fanático de los Medias Rojas de Boston.  Voy a Fort Myers, a ver que acontece sin Big Papi y con la adición de Chris Sale, su nueva estrella al montículo, durante su entrenamiento primaveral.  Magnificencias del retiro, alejado de las cuatro paredes de mi edificio bellavistino, de pataconcitos y resquebradas aceras.  Y bien planificado, sale más económico que pernoctar en el istmo.    

Aprovechando las bodas de oro de mis suegros, zarpamos a bordo del Allure of the Seas, ciclópeo segundo crucero más grande del mundo, que no es un crucero, es una aventura, con 2,384 tripulantes para servirnos y 25 opciones gastronómicas para engrosarnos, actividades tutiplén y una semana de verdadero ocio que nos traslada a las transparente aguas  de Haití, las montañas jamaiquinas y los mariachis de la Riviera Maya. 

Nos aguarda en Falmouth George Matthews, chef de la Embajada Americana en Kingston, para trasladarnos a Scotchies en la bahía de Montego y degustar el tradicional jerk, bebiendo una gélida cerveza Red Stripe, trasladados al corazón de la gastronomía jamaiquina, conversando con amigos, catando la vida como se debe saborear y así nos vamos.  ¡Felices Carnavales, donde te toquen!            

jueves, 16 de febrero de 2017

Remozando el Turismo

Diario Panamá América
4 de febrero 2017

Remozando el Turismo
Jaime Figueroa Navarro

Estimo que todos concurrimos que nuestro alicaído turismo ofrece mucho más de lo que se exprime.  A partir de nuestra tercera independencia en los albores del siglo, el istmo ha sufrido un vertiginoso crecimiento, amén de su desorden, haciendo rabiar a nuestros vecinos y pasmando con asombro a los que nos visitan.

Nuestro persistente clamor por el perfeccionamiento de la actividad deja de rugir en cavilosos oídos pero vemos con satisfacción como poco a poco, tercamente lento, las cosas cambian.  ¡Como ansiamos agilizar ese cambio!

Nuestro primer empeño fue el aeropuerto, que tildamos de “estéril” hará ya más de una década, haciendo rabiar a su administrador y uno que otro político, porque al aterrizar en Tocumen el pasajero se encontraba con una oferta de “Marlboro, Johnny Walker y Cartier” en ausencia  del alma de Panamá.  Sencillamente al arribar en tránsito, no contaba Tocumen con manifestaciones autóctonas, algo que tan bien han perfeccionado los otros aeródromos de América Latina y el Caribe.  A inicios del año pasado inauguramos The Panama Store en la zonita libre, que place el palpitar del corazón por su presentación y su esplendida oferta de lo mejor de lo nuestro, nada de checheritos “made in China”.  ¡Aplausos a sus propietarios por el amor al detalle, la fina calidad de sus productos y la venta de Panamá, como debe ser: clase, rareza, A1!         

Horadamos la piedra del profesionalismo en el quehacer de una industria que le hace falta seriedad y norte,  donde grupos de interés particulares cabalmente pelean por lo suyo a expensas de los demás, bajo un sistema presidencialista que poco le importa el bien común, donde el dedazo del de a turno bendice baldíos allegados que protegen fútiles agendas políticas particulares.

Dentro de este taciturno ambiente, ha sido un rayo de sol la unidad desplegada por la Cámara Nacional de Turismo bajo el sesudo liderazgo de Antonio Alfaro, en el proyecto de ley 80 que crea el Fondo de Promoción Turística, garantizando de esta forma la continuada presencia de nuestra imagen en medios internacionales, la venta país bochornosamente mochada cada vez que elegimos un nuevo mandatario.

¡Sana sapiencia paternal al señalar: “Estudia y no serás en el futuro juguete vulgar de las pasiones!”  En un país donde la desigualdad de ingresos se ve aunada a la desaceleración económica, si no mejoramos la calidad de nuestra educación (no dejo de repetirle a los estudiantes que el aprendizaje del idioma inglés multiplica sus ingresos) y ceñimos el liderazgo político de las instituciones a eruditos en la materia, estamos destinados a la fractura de rascacielos bajo quebradas aceras que emanan las aguas servidas de la indiferencia.

Mancilla el alma que con tanto que ofrecer más allá, en provincias, se concentre la masa en capital.   Aflige el corazón, que tal como el capitulo infernal de la Divina Comedia de Dante Alighieri, el paraíso terrenal, en pleno siglo XXI, se encuentre en bisoño caciquismo.  Revierte, Patria querida, de tu descomunal tranque.  ¡Despierta Panamá!  

   

miércoles, 15 de febrero de 2017

Amasando el Tamal

Diario Panamá América
18 de febrero 2017

Amasando el Tamal
Jaime Figueroa Navarro

Encontrándonos ante el particular reto de servir como anfitriones a tres trascendentes eventos que de alguna manera u otra impactarán la imagen turística de Panamá en 2019, estamos preparando un poderoso coctel de sapiencias que nos guíen hacia la presentación del destino luciendo su mejor atuendo dominical.

Se trata de la conmemoración de los 500 años de la fundación de la ciudad de Panamá, su sede como Capital Iberoamericana de la Cultura y la Jornada Mundial de la Juventud, con la presencia del Santo Padre, señoriales proyectos que obligan a asomar desde ya las escobas y darle brillo a nuestros vergonzosamente mugrientos y abandonados sitios de interés turístico.

Disímil a los otros gremios y organizaciones de la industria, la Comisión de Turismo de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) aglutina la masa critica que guía pedagógicamente y sin intereses particulares, el pensamiento y rascado de cerebros ausentes en el medio.  Su Foro Anual de Turismo, a celebrarse el 30 de marzo en el Hotel Riu Plaza en pleno centro financiero capitalino, nos brinda la oportunidad de ofertar nuestro voluntariado como granito de arena en pro del desarrollo del turismo nacional, aglutinando estudiantes, profesores, funcionarios, profesionales, curiosos y la crema y nata de la actividad.

Durante el Simposio Mundial de Patrimonio Histórico celebrado en la Universidad de Massachusetts-Amherst el mayo de 2013, donde fui convidado a dictar una conferencia tapizando la temática del Adelantado Balboa y la imponente huella de su hallazgo en el Darién istmeño hace 5 siglos, tuve la oportunidad de conocer y congeniar con la muy campechana Dra. Claudia Rodríguez Espinosa, Coordinadora de la Maestría en Arquitectura, Investigación y Restauración de Sitios y Monumentos de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, quien nos ilustró sobre el programa de Pueblos Mágicos de la Secretaria de Turismo de México.

El proyecto que data de inicios de siglo, reconoce a quienes habitan los pueblos seleccionados y el trabajo que han desarrollado para proteger y guardar su riqueza cultural.  En buen cristiano, el entorno de cada uno de ellos varía desde la fuerte influencia del pasado indígena, el gran legado del antiguo imperio colonial español, la preservación de tradiciones seculares y ancestrales, e importantes lugares de acontecimientos históricos en la vida del país.  Profundicé pesquisas de la propuesta, encontrando como siempre criticas y múltiples evidencias de auténticos logros en el desempeño del turismo provincial.  Los mexicanos son especialmente exitosos en la rama de turismo, razón por la cual sus homólogos en El Salvador, Ecuador, Colombia y Chile han contratado a la Secretaria de Turismo de México para replicar iniciativas similares.

Para emular este particular ejercicio de insigne emprendimiento azteca, de forma tal que le clonemos en sitios como Taboga, Portobelo y Natá de los Caballeros, entre otros, exaltando sus particularidades históricas y culturales, hemos invitado como uno de los orador de fondo al Ministro José Ángel Díaz Rebolledo, Director General de Gestión de Destinos de la Secretaría de Turismo de México, quien tiene a su cargo el programa de Pueblos Mágicos, para que nos ilustre sobre esta actividad y de una vez por todas nuestras autoridades porten sus pantalones largos e inicien la gestión para su expedita implementación en el istmo.

La iniciativa contribuye a revalorar un conjunto de poblaciones istmeñas que siempre han estado en el imaginario colectivo y que representan alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y foráneos.  Localidades con atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, magia que emana en cada una de sus manifestaciones socio-culturales, aportando una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico.


Es hora que vayamos entendiendo que turismo no es solamente publicidad y hotelería, sino más bien cautivar el corazón de los que nos honran con su selección como destino para que sus aplausos, aquí y de vuelta allá, nos sirvan para multiplicar el flujo mantenido y creciente de un turismo sano y fecundo que aun no llega ¡porque no sabemos lo que tenemos entre manos!       

Turismo Diferente

Diario Panamá América
11 de febrero 2017

Turismo Diferente
Jaime Figueroa Navarro

Con su actual oferta despliega el turismo nacional una muestra agotada, estéril y marchita.  Desde hace años venimos planteando la apremiante necesidad de plasmar novedosos y creativos imanes al escenario local que multipliquen la febril presencia de visitantes al istmo.

Con la excepción de un Casco Antiguo que ha demorado dos décadas en  acogerse a la Ley 9 de incentivos fiscales de  1997 para su tersura y aun así deambula a medio palo y a un canal de Panamá que le hace falta a gritos su Centro de Visitantes de Cocolí para hacer gala al turista  de los mastodontes del océano, nuestro inventario de atractivos peca de falta de cariño, tal el retorno de los inexplicables fétidos olores que emanan recientemente de la bahía, posterior a la inversión millonaria en su saneamiento confiados a la constructora Odebrecht.

Durante 2013, por ejemplo, burbujeó en el istmo a través de múltiples afanes lindantes a la conmemoración de los 500 años del avistamiento del Océano Pacífico una  excursión por jóvenes expedicionarios españoles que se desplazaron al Darién para recorrer nuevamente la ruta de Balboa, culminando con el escalamiento del cerro Pechito Parao, sitio donde el Adelantado vislumbró en el golfo de San Miguel la majestuosidad del enorme piélago, esquema que me sirvió como inspiración para liderar la primera travesía por empresarios panameños de APEDE.

Pechito Parao, entonces, forma parte de ese inventario nacional de tesoros turísticos que no hemos desarrollado con holgura y que merecen nuestra creativa atención.  Cuando un turista escoge y se desplaza a un destino, lo hace con conocimiento de causa porque quiere gozar de una genuina experiencia que recordará por siempre.  ¡La gente no viene a Panamá por sus rascacielos, para ello mejor ir a Nueva York!

El sendero de Pechito Parao transporta al visitante a su cima desde el poblado de Quebrada Eusebio en menos de tres horas.  El camino, con la excepción de un leve tramo con soga casi en la cúspide (de allí el origen de su nombre) es de Caperucita Roja, cero estrés, cero insectos, cero culebras.  Si yo le escalé con seis décadas a espaldas, cualquier cristiano le puede intimar. 

Desarrollando este destino como aliciente turístico, nos cuesta alpiste y fomenta al turismo como la multiplicación de los peces, creando un histórico ombligo turístico panameño.  ¿Cuántos cientos de miles de visitantes adicionales se acercarían a Panamá si le vendemos bien?  ¡Después de todo, al Adelantado Balboa le conoce todo el mundo!

Como ejemplo de países en la región que están generando actividades similares, está el Perú.  Ellos son referentes.  Cuentan en su inventario con Machu Pichu y otros exquisitos polos.  Han invertido muchísimo dinero en generar atractivos a nivel mundial y por ello doblan el numero de visitantes que recibimos nosotros a pesar de nuestro canal y nuestra historia.   

La reconstrucción de la ciudad de Panamá La Vieja y de su Ruta del Oro, Camino Real, hasta Portobelo, crearía otro histórico magneto que complementaría refinadamente al Casco, oxigenando como un panal al turista para que pernocte adicionalmente en la ciudad colaborando así a las vigentes desoladas cifras de ocupación hotelera.  Y es que la ciudad de Panamá La Vieja, en adición a ser la primera en el Pacífico continental, con su arquitectura colonial, calles empedradas para recorrerlas en carretas y un galeón restaurante para colocarle la cereza al pastel, le hace el mandado por su originalidad a cualquier asentamiento en el continente.


Y por ahí nos vamos.  ¡Creatividad, solamente nos hace falta creatividad!  Lo demás lo tenemos.