jueves, 15 de mayo de 2014

Firmes Capsulas de Turismo

Diario Panamá América
17 de mayo 2014

Firmes Capsulas de Turismo
Jaime Figueroa Navarro

A raíz de la visita al istmo de tres grupos universitarios de Estados Unidos en las próximas tres semanas, preparo especialmente para ellos una versión diferente de mi conferencia “Por Qué Panamá” que acostumbro dictar durante frecuentes interludios en ultramar.  Para lograr el mayor éxito en la oferta de Panamá como destino turístico y de inversiones, hay que apropiadamente diferenciar el auditorio y lo que más le estimula.  A través de los años he logrado, por ejemplo, descifrar las diferencias entre disertar ante un publico de miembros de la AARP (Asociación Americana de Jubilados) y otro de inversionistas alemanes.

Así fue como el año pasado en víspera de la celebración de los quinientos años del descubrimiento del Mar del Sur, sometí un papel a consideración de un panel de expertos antropólogos e historiadores para la presentación de una ponencia sobre Vasco Núñez de Balboa en un congreso mundial de patrimonio histórico en la Universidad de Massachusetts.  Al ser aceptada mi reseña y ser honrado en recibir la invitación para dictar la conferencia en Amherst, la pulí encapsulando una audiencia académica, mentes fluidas y pensantes, enamorándoles con una crónica diferente.

Anterior a ello, crucé el charco y visité el pueblo natal de Balboa donde fui recibido como huésped de honor por las autoridades y por mi anfitrión, el Dr. Feliciano Correa, historiador, escritor y cronista oficial de Jerez de los Caballeros.  Ante esa audiencia extremeña la única forma de lucirse era duplicando la hazaña, en mi caso, liderando la primera expedición de ejecutivos en la historia de Panamá en escalar el cerro Pechito Parao en Darién, sitio donde Balboa visualiza la magnificencia del Pacifico en el golfo de San Miguel, y así lo hicimos con la notable diferencia que llevaba a cuestas más de un cuarto de siglo que Balboa al coronarle.  Pero el entusiasmo fue idéntico y la emoción hizo cabalgar el corazón y emanar lagrimas de felicidad.  ¡Y eso lo palpó la audiencia y lo vivió a quemarropa!  Este sendero, definitivamente merece ser una trocha permanente de turismo para que nuestros visitantes y todos los panameños también, conozcan el canal y ojeen el sitio del descubrimiento de Balboa.

Dos presentaciones más en Badajoz y Sevilla posterior a mi reunión y conferencia de prensa en Madrid con el XX Duque de Veragua, Don Cristóbal Colón de Carvajal y Gorosábel, descendiente directo del descubridor de las Américas, noble entre los nobles ibéricos, amigo de Panamá y confío, mío también, posterior a esfuerzos conjuntos entre la Fundación La Castilla del Oro que preside y las fuerzas vivas del turismo histórico cultural istmeño, que en su momento representé como Presidente de la Comisión de Turismo de APEDE, donde tuvimos la honra de recibirle, diría yo, como uno de los visitantes más auténticos en la historia de la asociación.  La visión que compartimos con el Duque de Veragua del trazado del Camino Real y Pechito Parao como senderos turísticos de excelencia mundial, entre otros proyectos para la oferta de turismo histórico, cultural y religioso elevarían peregrinamente la calidad de la propuesta istmeña a costos irrisorios y es uno de los paradigmas que forma parte fundamental de mis presentaciones.  Una cosa es presentar lo que se es, y otra mucho más etérea, lo que se puede ser.

Cruzando los Pirineos, llegamos a Paris donde la audiencia para mi presentación “Pourquoi le Panama” ante un grupo notablemente culto, entrelazado por inversionistas, mayoristas de turismo y curiosos, me obligó a romper el hielo de forma diferente, dada la tendencia bien merecida de los galos por encontrar todo lo que esta fuera de “la grande France” como inferior.  Así fue, como en impecable francés, narré el epigrama de mi tatarabuelo, medico emigrante del imperio pruso germano a Panamá en 1849, a quien el Emperador Napoleón III le honra con la Orden de la Legión de Honor por sus servicios a los heridos de guerra galos provenientes de México durante el breve episodio (1861-1866) del Emperador Maximiliano I.  Entonces, para sorpresa de los presentes, de uno de mis bolsillos sustraje la imponente medalla de oro que data del decimonono y la hice circular.  ¡Rápidamente el hielo se derritió y fue un rotundo éxito la presentación!

Todos estos ejemplos los ponemos sobre el tapete porque estamos en un punto importante de relevo en la Autoridad de Turismo de Panamá, entidad que merece de una vez por todas convertirse en un motor de permanente entusiasmo y creatividad que vele por los mínimos detalles que semanalmente señalamos como criticas constructivas para el mejoramiento de nuestra muestra.  Cito detalles tan sencillos como la señalización que a gritos hace falta en la carretera interamericana a la altura de Natá de los Caballeros, indicando a los viajeros que es allí donde está la iglesia más antigua de tierra firme en el continente americano.  Sencillos detalles como letreros en francés en el aeropuerto de Tocumen a partir del arribo de vuelos directos desde Paris en noviembre pasado y la inmensa esterilidad de ese aeródromo que oferta todo tipos de chucherías pero le hace falta el cariño que lo identifique como autóctono con un pequeñísimo y risible kiosco de la ATP y  la oferta de comidas chatarras a tutiplén en vez de ceviches de corvina y chichas de guanábana.   


Tenemos frente a nosotros el enorme reto de convertir nuestro destino en el mejor del mundo, beneficiando de paso, a miles de panameños con bien remuneradas labranzas.  ¡Hagámoslo de una vez por todas!

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