jueves, 24 de noviembre de 2016

El Gurú del Turismo

Diario Panamá América
26 de noviembre 2016

El Gurú del Turismo
Jaime Figueroa Navarro

Nos obsequia El País, diario de mayor circulación global en español publicado en Madrid, sede de la Organización Mundial del Turismo, en su edición del martes pasado una entrevista con el Secretario (Ministro) de Turismo de México, Enrique de la Madrid.

Polifacético y poliglota, domina a la perfección el español, inglés y francés, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México con postgrado en Harvard University, este especialista en turismo maneja las riendas del noveno destino mundial en tiempos de crisis, sin excusas ni esquivas.

Treinta y cinco millones de almas visitan México anualmente, su crecimiento año a año supera la escuálida cifra de la totalidad de los turistas que escogen Panamá como destino. Los Estados Unidos Mexicanos, beneficiados por una naturaleza y una historia privilegiada, no temen al futuro.

Contra Donald Trump florece un medicamento infalible: el sol de México. El futuro presidente de Estados Unidos puede odiar a su vecino y desear construir una pared que los separe, pero cada año son más los estadounidenses que viajan al sur en busca de su milenaria alegría de vivir. 

Nos cuenta el flamante Secretario: “Llevamos dos años de campaña negativa hacia México y no ha bajado el turismo estadounidense. Por el contrario, ha crecido. Los visitantes que llegan en avión desde los Estados Unidos aumentan al 14% anual, frente al 10% restante.”  

Paréntesis. Panamá goza de una bendecida naturaleza y envidiable historia, anhelada cima del cerro Pechito Parao en Darién, sitio del avistamiento del vasto Mar del Sur, descubrimiento jamás superado por ningún otro en la historia contemporánea, donde con un atisbo Balboa abre las puertas al genuino comercio mundial.  ¿Qué esperan nuestras autoridades para convertir el sendero en un verdadero imán al turismo mundial?

En 2013, durante la celebración de los 500 años del descubrimiento del Océano Pacífico, nos honró liderar la primera expedición de empresarios panameños en escalar su cima en conjunto con un entusiasta puñado de ejecutivos y ejecutivas de la Comisión de Turismo de APEDE.  Si nosotros lo logramos, todos los niños panameños y cientos de miles de turistas deben visitar el sitio anualmente, creando una importante arteria adicional a nuestro atractivo.

Y es que de eso se trata.  En vez del continuado quejido sobre el bajo nivel de ocupación hotelera, debemos enfocarnos, tan bien como lo ha logrado el Secretario de la Madrid en un México sumido por la violencia, el narcotráfico y la inseguridad, en desarrollar ejes turísticos, que allí están pero se encuentran en total estado de abandono, muestra de una imperdonable desidia, carente de mucho amor por lo nuestro, imperdonable rótulo de una total falta de profesionalismo.

Sobre la potencialidad del mercado gringo, observa Don Enrique: “En un país de 320 millones de habitantes como Estados Unidos, el número de pasaportes es de 60 millones: nosotros nos enfocamos a aquellos que viajan, que les interesa el mundo, que tienen la mente abierta. A Trump no le votó la mayoría, sino los necesarios para que ganara.”  No basta con publicidad tardía, lo que Panamá necesita a gritos es una permanencia frontal en el mercado norteño, un cuadro de ejecutivos con metas trazadas y objetivos claros.  Manejar nuestro turismo como nuestro canal.  No puede ser que los Presidentes de turno, nombren personajes obscuros, amistades y afines del partido en el poder en esta industria con tanto potencial.  ¿Se imaginan como estaría el canal?


 Finaliza de la Madrid con énfasis en el modelo de turismo que busca México: “Queremos fortalecer el turismo cultural, el gastronómico y sacarle más provecho a nuestras áreas naturales. No nos queremos encasillar; México da para mucho. Pero los destinos se tienen que especializar. Nuestro futuro es el multidestino y la multiespecialidad.”  ¡Música para nuestro oídos, manos a la obra Panamá! 

lunes, 21 de noviembre de 2016

Abonando el Camino

Diario Panamá América
12 de noviembre 2016

Abonando el Camino
Jaime Figueroa Navarro

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”,  dice la tonada de la popular canción Pedro Navaja de Rubén Blades.  Y asimismo, de la noche a la mañana, nos sorprendió el resultado de las elecciones en Estados Unidos, donde los norteamericanos han escogido un  radical cambio a la política tradicional. 

Indistintamente de lo que de seguro representa la revolución americana del siglo XXI, un importante segmento del electorado norteamericano buscará opciones fuera de sus fronteras, siendo el de mayor jerarquía el nicho de jubilados.

Impulsado por lideres mundiales en asesoramiento, fue precisamente International Living la empresa que impulsó el “descubrimiento” del turismo panameño a inicios de siglo ubicando el hasta entonces desconocido poblado de Boquete en la provincia de Chiriquí como el destino #1 para los pensionados a nivel mundial.

En un articulo publicado a inicios de este mes, International Living vuelve a resaltar a Panamá como destino favorito para aquellos que no comulguen con los resultados de las elecciones en Estados Unidos, añadiendo como alternativas México, Costa Rica, Ecuador y Colombia. 

No estábamos preparados entonces y aun no lo estamos, para recibir el segundo oleaje que auguran los hechos políticos del norte.  En momentos de una sequia de visitantes, cambia el panorama, como deben cambiar las estrategias del Plan Maestro de Turismo para enfocar nuestras prioridades en la industria sin chimeneas.

Ante todo, debemos desarrollar técnicas para una inmediata penetración del mercado gringo.  No nos podemos ocupar en titubeos porque desde ya los otros destinos mencionados andan en lo mismo. 

Una de las tácticas consiste en la permanente presencia en el país norteño de un puñado de especialistas en turismo que vendan agresivamente Panamá como destino de retiro y también como destino de turismo de lujo.  La idea es enfocarnos en atraer el segmento de bolsillos profundos, mientras que los que buscan soluciones más económicas a su entorno natural vean la solución en los otros hados.

Clave para el éxito del emprendimiento, es la total, completa y profesional competencia en el idioma de Shakespeare.  Haríamos un ridículo papel si cada vez que tenemos que dirigirnos a una audiencia lo tuviésemos que hacer a través de traductores simultáneos, amén del costo adicional, la perdida del impacto del mensaje que se desea transmitir, o como dicen los angloparlantes, el “punch line” y la capacidad de comunicación efectiva.

Si los pobladores de la Riviera Maya en México dominan tan bien, en adición al inglés, otros idiomas, nosotros lo requerimos como común denominador del éxito en el turismo.  No me canso de repetirles en conferencias a los estudiantes universitarios que el dominio del inglés no duplica sus ingresos, sino multiplica sus retribuciones a lo largo de su vida útil.     


Con un turismo estancado, resultado de factores tanto extemporáneos como domésticos, ha llegado el momento de aprovechar esta tremenda e inesperada oportunidad para explotar al máximo las posibilidades en el entorno de nuestro primer imán de captación de visitantes.  ¡No lo desaprovechemos!              

Sea Amable


Diario Panamá América
19 de noviembre 2016

Sea Amable
Jaime Figueroa Navarro

Si deseamos forjar un turismo de calidad donde el visitante se sienta a gusto, con deseos de regresar y sirva como el mejor embajador de nuestra muy particular plaza,  aquel que nos honra con su selección como destino merece nuestro respeto, muestras de cortesía en el trato y genuino interés por su bienestar.

Ring, ring.  Suena el teléfono en mi oficina:  “Para servirle” contesto. “Ey, pásame a Edith” dice mi interlocutor.  “Esta equivocado caballero, que tenga un buen día”.  “¿Quién habla ahí?”.  “Esta equivocado caballero, que tenga un buen día”, reitero.  Del otro lado un enojado cristiano corta abruptamente la conversación.   Este trivial intercambio  es una muestra del diario vivir en un tribalismo que a gritos solicita la implementación de un curso de urbanidad – urbs, urbe – reglas para la convivencia en la ciudad.

Manuel Antonio Carreño (1812-1874) nos lega su obra Manual de Urbanidad y Buenas Maneras,   donde resume las formas más básicas y las reglas sobre los buenos modales para relacionarse en sociedad.  Este tomito, esta biblia de la etiqueta, debe ser como lo fue en el pasado, materia obligatoria en la educación formal del ciudadano.  O como diría Sherlock Holmes: “Elemental mi querido Watson”.  Es por allí donde comienza la transformación del Homo sapiens panamensis.

Algo similar forma parte del currículo formal en la Academia Militar de Valley Forge en Pennsylvania, donde se dicta una materia de urbanidad conocida como Costumbres Sociales Oficiales y se instruye al cadete, en adición a las matemáticas y el inglés integradas a  la disciplina, detalles íntimos, por ejemplo, sobre la presentación de una mesa y la ubicación de cubiertos, temas totalmente desconocidos en nuestro medio.

Recuerdo hace unos años la invitación a un almuerzo formal en la Embajada de Francia donde Monsieur Goisbault agasajaba a un grupo de profesores universitarios contando con exquisito menú e impecable mesa con todas la de la ley del protocolo galo.  La cantidad y variedad de platitos, copas y cubiertos eran tan temibles como su ubicación.  Posterior a las trivialidades del saludo en la sala, pasamos al comedor donde observé angustiosos gestos en los rostros de los invitados para no hacer el ridículo con cantinfladas durante la velada gastronómica. 

Bobos no son los catedráticos.  A falta de conocimiento o seguridad en la etiqueta, miradas furtivas de los que se encontraban más cercanos, seguían cada uno de mis pasos para asegurar la certeza en el manejo de los instrumentos.  Fue allí donde decidí jugar una travesura asiendo la cuchara para el postre al momento de tomar la sopa, rápidamente cambiando de cubierto posterior al “error”, dejando in fraganti a los comensales que copiaron mi rictus.

Debemos instruir y servir como ejemplos.  En el teatro del turismo istmeño, la primera toma en escena es la sala de espera fuera de las aduanas en el aeropuerto internacional de Tocumen.  La próxima vez que vaya a recibir a un ser querido o a un visitante, observe los pormenores de cada uno de los actores, detalles íntimos que sirven de abrebocas a los que llegan, estupefactos aun por la visión de un inesperado arcoíris de rascacielos a través de la ventanilla de la aeronave, cuyos espejuelos se empañan al roce del húmedo aire fuera de la terminal al igual que su sorpresa al ser aturdido por una manada que no deja de susurrar el desordenado cantico de “taxi, ¡taxi!”.


Con cada interacción, en el hotel, el Casco Viejo, el Centro de Visitantes de Miraflores, el restaurante, la Cinta Costera, se va tatuando el recuerdo de la vivencia istmeña.  O lo hacemos bien, o lo hacemos mal.  Con tanto verdor, con azuladas mariposas, ciclópeos langostinos y una exuberante, envidiable belleza que mostrar, bien vale la pena Carreño para todos, poniendo así la roja cereza a la copa de Martini.  Cierre del telón.  ¡Bravo!